12/26/08

Queridos amigos:

Con el fin de año acaba en Kenia el curso escolar y llegan las notas definitivas. Es un momento importante para todos y, afortunadamente, está lleno de satisfacciones para nosotros, porque la mayoría de nuestros niños obtiene buenas calificaciones, algunos excelentes, y son muy pocos los que no van progresando de año en año. Este mes vemos que el esfuerzo que realizamos para darles una formación complementaria vale todo lo que nos cuesta y más. Y más, porque pocas inversiones nos parecen tan rentables como las que hacemos en la educación de estos chicos y chicas. Ellos también lo saben.
Esta es la buena noticia que os puedo dar hoy. Ya los vemos sanos, prácticamente hemos erradicado la malaria, antes endémica, son felices y nos están acostumbrando a verlos entre los primeros de sus clases, haciéndonos sentir que merecen hasta el último céntimo que gastamos en ellos. A pesar del deterioro de las condiciones que nos rodean, pues la crisis también ha llegado a Kenia, vamos cumpliendo con nuestro programa. Ellos siguen trabajando, se toman muy en serio sus estudios y viven con esperanza el futuro porque saben que depende en gran medida de su esfuerzo. Precisamente su futuro es lo que debemos salvar más allá de cualquier contingencia.
Me gustaría terminar aquí, diciendo que todo va bien, pero una vez más os he de recordar la creciente miseria de buena parte de la población y la situación desesperada de muchos de los que nos rodean. Necesitamos ampliar las ayudas en alimentos, pero seguimos con déficit en este capítulo y no podemos hipotecar nuestro proyecto. Así es que, una vez más, lo tengo que dejar en vuestras manos.
Para terminar, ahora sí, os quiero agradecer la generosa acogida que tantos habéis dispensado a nuestra anterior llamada. También debo, como siempre, daros las gracias, las más sentidas gracias, a todos los que con vuestro esfuerzo constante hacéis posible la existencia de nuestra Casa. Un abrazo y muchos besos de todos para todos. Felices fiestas
Un abrazo
Rafael

Graduación



Con el fin de curso se han graduado de nuestra guardería los seis pequeños que empiezan primaria el año que viene. A la ceremonia, muy formal, como se hace en Kenia, han acudido familiares, algunos hay, y bastantes niños. Han recitado poemas y se ha hecho una demostración de taekuondo. Todo un éxito.

12/25/08

Serah, Fatima y los derechos de las mujeres


Serah es una joven de 16 años que se incorpora a nuestra Casa con más edad de la habitual. Llega huyendo de un matrimonio de conveniencia impuesto por la familia contra su voluntad. Somos su último y único refugio, pero mientras podamos defenderla estará con nosotros y estudiará, que es lo ella quiere hacer.

A la vez que Serah, Fatima (nombre supuesto), de 14 años, ha venido a la Casa huyendo de su matrimonio con un hombre de 60. En el 2003, Fatima vivía con su abuela en la indigencia. La acogimos en nuestra Casa, la curamos de las enfermedades que tenía y la llevamos al colegio. A los dos años de estar con nosotros, sus tíos, que nunca se habían ocupado de ella, argumentando que no estaban de acuerdo con la naturaleza mixta de nuestra Casa y con que se tratase de un proyecto laico, le quitaron la custodia a la abuela. Pese a nuestros esfuerzos por evitarlo, se llevaron ala niña a trabajar al campo. Una vez allí, la casaron contra su voluntad.

Para proteger a Fatma, que no quiere volver con su marido, hemos solicitado su tutela. El Oficial de la Infancia nos la ha concedido y el Juez de Lamu lo ha metido a él en la cárcel pues, aunque existen, los matrimonios con menores son ilegales en Kenia. Hace unos días hemos descubierto que está embarazada, así que cuidaremos del niño y de la madre. Les daremos casa y estudios a ambos, como hacemos con tantos otros.

12/21/08

Tres historias de la Shamba

Muhdat Hace unos meses, la madre de Muhdat, niña de once meses residente en Wiyoni, poblado cercano a Anidan, acudió al Hospital donde se le detectó una cardiopatía congénita, por lo que
se decidió trasladarla a Madrid para operarla. La Fundación Pablo Horsmann buscó un colaborador que se hiciera cargo del viaje y la estancia en Madrid y el lunes 13 de octubre la operaron en el hospital Ramón y Cajal. Muhdat tuvo que superar una anemia importante, una insuficiencia cardiaca inicial y un derrame pleural, pero a primeros de noviembre volvió a Lamu donde todas las mañanas acude a la shamba (foto dcha.) para recibir las medicinas del hospital y comer y jugar con los niños de la Casa.


Khadija La niña ciega y con distrofia muscular, que sus padres mantenían en un rincón de su choza sin apenas contacto con nadie, es un caso muy especial en Anidan. Para admitirla, pensando en su difícil situación, Rafael reunió a todos los miembros de la Casa, incluidos los niños, y obtuvo el compromiso de que todos, no sólo Mariam, que se dedica especialmente a los discapacitados, cuidarían a Khadija. El resultado ha sido que nunca está sola, y todos, especialmente los niños, la tratan con cariño y la han integrado en su vida diaria, de modo que ha terminado por ser una más, incluso en la habitación donde duerme con otras cinco. Con estos cuidados y estos estímulos progresa notablemente. Nos reconoce a todos por las voces y está aprendiendo braille.


Swalha. Llegó a nosotros con seis años y más de 40 kilos de peso, apenas hablaba y se movía torpemente. La habían tenido sentada tejiendo cestos y, como les hacía gracia que fuera gorda, le daban de comer todo tipo de cosas. Ahora está empezando a hablar, ha adelgazado algo, se queja de que la hacemos pasar hambre, y está en preescolar con los más pequeños. Se vuelve sociable y progresa, aunque cuando nos descuidamos recoge las sobras de la comida, se come lo de algún compañero o se va a la basura a comer lo que encuentre. Swalha es producto de la ignorancia, con nosotros adelgazará y hablará, vaya que si hablará.

12/20/08

Un año sin malaria


Llevamos un año ya en la shamba y ninguno de los niños que viven aquí ha tenido malaria en este tiempo. Entre los que aún viven en sus casas sí hemos tenido algunos casos, aunque las medidas que tomamos hacen que el número sea reducido. Si pensamos en que un millón de personas muere al año de malaria en el mundo, especialmente niños, y que vivimos en una zona en la que la enfermedad es endémica, no es mala noticia.

Kandahar



Dentro del programa de visitas de formación sanitaria de la población que el equipo del hospital, ayudado por personal y estudiantes de Anidan, vienen realizando, el pasado 14 de noviembre tocó ir al poblado de Kandahar, uno de los más pobres de la isla. Explicaron la conveniencia de la higiene a las madres y llevaron refrescos para los niños, que aprendieron una canción con las medidas más elementales. Luego visitaron las casas, o cabañas, en las que había algún enfermo, animándoles a llevarlos al hospital. También hicieron una demostración de limpieza de basura, que allí se acumula por todas partes.

SUS CASAS




Durante la visita a Kandahar, un amigo fue invitado a visitar la casa de donde vienen tres de nuestros acogidos. Nos ha dicho: “Es difícil imaginarse el grado de pobreza en el que viven. Una cosa son las palabras y otra verlo. Me llevaron a una cabaña de palos sin unir, con una puerta para enanos y dos habitaciones, por decir algo, en las que cabe poco más que una cama. Y eso había, un camastro en cada una. Dos camas para seis. El suelo de arena, sin ventanas, con sólo la luz que entra por las paredes mal cerradas, por donde se colará la lluvia, los mosquitos y vete tú a saber qué más. El resto, un hornillo de carbón y algo de basura, está fuera. Sin retrete, ni lavabo… y la mayor tiene catorce años ya. ¿Por qué no ayudáis más a esa mujer?”

Tres de esos niños están ya viviendo en nuestra Casa, incluida la hija mayor, y a todos les pagamos los gastos escolares. Ayudamos de otras formas a la madre, pero no podemos ir más allá, nuestra prioridad son los niños y nuestro presupuesto llega hasta donde llega. A pesar de la impresión de nuestro amigo, hay familias que viven todavía en peores condiciones.




Taekuondo


La gimnasia y el deporte son necesarios para su desarrollo. Tenemos dos equipos de fútbol, medianos y mayores, y vamos camino de conseguir uno de voleibol capaz de competir con otros colegios. Y tenemos uno de taekuondo.
Lo mejor de esto es que las chicas, que también participan en los otros deportes, se han tomado con gran interés la lucha y compiten en igualdad. En una zona en la que se considera “normal” pegar a las mujeres, me gusta pensar que algún bravucón se va a llevar una sorpresa con nuestras campeonas. Sí, campeonas, que ya hemos ganado dos copas.

Hanifa


Hanifa, una de las más antiguas en Anidan, ha terminado la Secundaria y ahora trabaja como voluntaria en la recepción de pacientes del Hospital Pablo Horstman, a la espera de ser becada y empezar estudios de óptica en una escuela profesional en Mombasa.

Preescolar



Una vez terminados completamente los edificios de los dormitorios, hemos instalado en una de sus terrazas la guardería de la Casa de Lamu y en la otra las aulas para las clases de tutoría de primaria y secundaria. Aunque la Shamba está un poco retirada del pueblo, traemos a los pequeños que todavía no están en los dormitorios hasta aquí, un lugar amplio, ventilado, lejos de los focos de infección del pueblo, en medio de un terreno y una arena estupendos para que jueguen en las horas de recreo, que a esa edad son las más. En la guardería, además de juego y diversión, como puedes ver en la foto de arriba, se enseña a los niños las primeras letras. Aquí podeis ver un clip de video que recoge imágenes de una mañana de trabajo.



video

El dinero y la comida

Una buena parte del presupuesto de Anidan se va en comida. Todo lo que compramos se aprovecha. Aquí no sobra ni un grano de arroz. Entre unas cosas y otras, contando desayunos, comidas, meriendas de los pequeños y cenas de todos, incluidos nuestros trabajadores, que tienen derecho a comer con nosotros, servimos más de novecientas comidas diarias, casi mil. La base de nuestra alimentación la constituyen el arroz, la harina de maíz (ugali) y las judías pintas. También la fruta, especialmente cuando los árboles de nuestro terreno la producen, y algo los huevos y el pescado. El pescado escasea ahora, pero lo ponemos una vez a la semana. Hacemos papillas nutritivas con cereales y procuramos aportar verduras frescas. Así es que todos están sanos, crecen fuertes, tienen un color estupendo… y cada día nos cuesta más mantenerlo. El arroz y las legumbres han subido alrededor de un 70%, otros productos han duplicado su precio, la carne está imposible… Y la comida es un capítulo que no podemos recortar, aunque tengamos que superar el déficit mensual con las aportaciones extra de algunos de nuestros generosos amigos. ¿Eres uno de ellos?